Ninnannún y el ave



Ninnannún buscaba santuario dentro de una jungla
para alejarse de uno de los tantos embrollos
que lo perseguían como moscas a la miel.
"Soy una calamidad.", reclamaba.


Algunas gotas de agua cayeron sobre su sobrero.
"¡Claro!", dijo y se refugió bajo una hoja 
con forma de oreja de elefante.
"¡Pluk!", "¡Pluk!", "¡Pluk!",
sonaron durante horas los tambores de las plantas.


No muy lejos, una sombra se sacudió
y empezó a cantar una melodía suave y sutil
que llenaba el corazón de tristeza.
Ninnannún se sintió acongojado, curioso 
y fue trepando despacio para no hacer ruido.


Al borde de una rama a gran altura encontró
un ave más parecida a una flor que a un pájaro,
de cuyos ojos surgían dos plumas delgadas y verdes,
adornadas por una pequeña espiral;
cuyo pecho se cubría de una textura anaranjada 
sedosa y ligera de pliegues paralelos amarillos.


Ninnannún volteó a ver si había alguien más alrededor
y localizó varios pares de ojos atentos.
"¡Cuántos halcones!", se alarmó y
empezó a elaborar un plan para salvarla
pero  notó que el ave también los había visto.


Los seguía con la mirada
y estaba lista para volar.
Nadie iba a poder alcanzarla.


"¿Qué más puedo hacer?", se preguntaba.


Se quedó a escucharla,
a tratar de entender lo que en su canto decía.
Al final, la comprendía
y se dió cuenta de que era
lo único que ella necesitaba.





Kghk y el claustro

"I just can't get ahead."    

Slim Moore & the Mar-Kays




A medio claustro se encontraba una fuente,
grande como el ojo de un gigante,
dibujada por un marco de piedra
como un muro, una frontera
más alta de cerca que de lejos.


Dentro había caído, resbalado, ¿sido empujado?,
un zorro rojo llamado Kghk.
Se perdía de vista mientras alrededor de la fuente
una multitud platicaba y a veces,
al percibir el movimiento,
volteaba, lo observaba y volvía a lo suyo.


Khgk no se acordaba de cómo había llegado ahí
ni podía decir con exactitud en qué momento.
En este instante se encontraba asustado
de la lejanía entre el alcance de sus patas y la superficie.


Por la razón que fuera, Kghk empezaba a hundirse
de fatiga. Había buscado la mejor manera
de trepar las rocas mohosas una y otra vez;
impulsarse con toda la energía
de su inmensa voluntad 
hasta no sentir el cuerpo ni poder moverlo más.


Se dejó ir un segundo.
El agua se volvió helada, más densa.
En el fondo, alrededor, lo rodeaban
cientos de zorros rojos, blancos y grises, 
vencidos,
de cuyo dorso crecían largos tallos
que ya en el aire se cubrían de flores;
y que habían decidido ignorarlo.


Kghk se dió cuenta de que tenía que seguir nadando,
aún sin aire. Tenía que escoger una dirección
y probó una idea tras otra, tras otra,
mientras sus pulmones se vaciaban.
"¡Piensa!", gritó por dentro; y se le ocurrió
usar la última burbuja de aire que le quedaba
para flotar como globo.


Soltó sus músculos lentamente.
Sintió como se desplazaba hacia afuera.
"No vuelvas a rendirte nunca.", anotó en su memoria
al tiempo que su cabeza rebotaba contra un tronco
inmóvil, flotando.



Minún y la garra

"De una perla en otra se hace un collar.", pensaba la pequeña Minún mientras recogía piedritas. "¿Cómo puede decir más el horizonte sobre dónde estás que el suelo sobre el que caminas?" La luz de mediodía empezó a caer en la frente y se sentó a descansar sobre una enorme roca. Recargó la cabeza hacia atrás y brincó ante el sorpresivo dolor punzante de un pellizco en el hombro. Una garra, parecida a una rama seca, la había prendido y no la soltaba. Intentó zafarse con jaloneos.

Lo que empezó como una voz baja, ahora eran reclamos abiertos; y Minún se detuvo a escuchar con la intención de encontrar en ello una forma de salir del problema.


P. - ¡Espera! Estabas a punto de caer en un hoyo! ¡Nadie se fija y se van de cabeza!

Al percibir la disminución en el forcejeo, la voz se suavizó pero la garra continuó cerrada con la misma fuerza.

P. - Lo usaban de un pozo. Los visitantes no se fijan. Es peligroso andar por aquí sola.

Minún buscó alrededor, apretándose por reflejo hacia la roca, pero habían pocas plantas y ninguna indicación de lo que se describía. Sin embargo, la elección de palabras quitaba las ganas de arriesgarse. Respiró como siempre al concentrarse, y "peligroso" resonó en su cabeza. Efectivamente, se había olvidado mirar por dónde andaba.

M. - Cierto, muchas gracias por avisarme. ¿Podría indicarme entonces por dónde puedo volver sin caer en el hoyo?, porque no se nota dónde está. No se distingue.

P. - No puedo soltarte hasta estar segura de que vas a estar bien. El hoyo es difícil de ubicar para quien no tiene mil ojos como yo. Lo mejor sería que me ayudaras a pasar del otro lado de la roca; y así con todo gusto te acompanaría de regreso, que es lo propio en estos casos.

Esta respuesta alertó a Minún aún más que el incesante apretón de la garra, porque la roca no parecía haberse movido en mucho tiempo; y sabía que aun con mil ojos, no se puede ver lo que no existe. "Confía en lo que ves y sientes", se dijo para darse valor de hacer lo que sabía que tenía que hacer, y contestó:

M. - Claro.

Por un instante, la garra relajó ligeramente la fuerza con la que cerraba sus dedos puntiagudos y Minún aprovechó ese cambio para soltarse y correr lejos de los gritos y maldiciones entre los que se escuchaba: "¡Malagradecida!", entre otras expresiones nada propias, a juicio de cualquiera.

No supo si el hoyo estaba ahí o no, o si sus sospechas estaban bien fundamentadas, sólo que en cuanto se alejó desapareció poco a poco el miedo; y que, en este caso como muchos otros, no valia la pena verificarlo: De todas maneras, con el camino cerrado y sus mil ojos, la garra solo alcanzaba a verse a sí misma.


'Feed your spirit.'


En tu abrazo dulce
hay más que razones:

Tierra en las raíces,
fuego compacto,

alimento imperceptible
más que al paso de los años.